Larga vida a las microinfluencers!!!

Hace unos meses hablamos de nuestras divinas influencers. En nuestro post entre otras muchas cosas, poníamos en duda si sus objetivos podrían coincidir en un momento dado con los objetivos de promoción de una empresa. Hoy sabemos algo más:

Instagram fagocita dulcemente. Sí, sí, debora como una mantis divina a influencers, celebrities, deportistas por igual… y no, no tiene mucha piedad. Y te debora casi sin que te enteres, borracha de éxito, con tu Spritz medio vacío, entre likes y followers, con esa sonrisa estúpida dibujada en tu cara del que no ve venir la tragedia, que es cuando precisamente la tragedia tiene más posibilidades de ocurrir, cuando no se espera.

Un día tienes 50K de followers, quizá 80K, 100K, y te sientes muy realizada, sí, te molas, tienes aceptación social, te dices a ti misma “tengo una responsabilidad”, “estoy obligada a hacer contenido de calidad”, “no me sorprendería que un día de estos una marca de relumbrón me llamara para trabajar con ellos”… Y quizá te llamen sí, y hagas alguna campaña también, y saboreando esa nueva vida soñada entres en el juego de extrapolar tu vida fuera de Instagram a Instagram, y te digas a ti misma “debo de seguir creciendo”, “tengo que hacer más followers”, “debes de esforzarte baby”, te dices pintándote los labios frente al espejo.

¿Pero el mundo de Instagram funciona como el mundo real? ¿Es del todo positivo crecer sin control? ¿Crecer es sinónimo de éxito en esta red social? Y digo sin control, porque una no se puede engañar, es la única forma de crecer en Instagram, sin control, no tienes mecanismos a tu alcance para filtrar de manera efectiva a tus followers…

A todas las marcas les interesa llegar a su público objetivo. Lo que caracteriza a una cuenta grande de una influencer con gran número de seguidores es que la estructura de relaciones es muy dispersa y sus seguidores son muy heterogéneos con relación a su clase social, gustos e incentivos de seguimiento. ¿Y eso es un problema? Para una marca, sí que lo es, sin duda:

Yo como marca si tuviera que escoger una política comunicativa ideal me decantaría por el “boca a boca”. Es decir que mis seguidores fueran prescribiendo a otros similares los beneficios de mi producto o marca basándose en la idea de una segmentación basada en la clase social. ¿El boca a boca se puede llevar a cabo en Instagram? Pues sí, pero con redes de seguidores más o menos homogéneas y con un grado de dispersión bajo.

Eso sólo se puede conseguir con microinfluencers, que no sólo poseen una estructura adecuada sino que tienen muchas más ventajas como:

  • A través de ellos puedes obtener una mayor implicación en tu proyecto.
  • La posibilidad de alcanzar un público más amplio dentro de un mismo nicho: Se consigue utilizando varias microinfluencers que aseguren aglutinar followers con diferentes perfiles que coincidan en su interés por nuestra marca.
  • Recuperar la razón de la existencia en un principio de las influencers que no era otra que obtener recomendaciones.
  • Ganar nivel de engagement: A las influencers el fenómeno fan contamina el engagement y la calidad de los comentarios. Las microinfluencer están más en contacto con su público.
  • Se puede controlar mejor que los intereses de la micro-influencer estén “in line” con los de nuestra marca.

Ser microinfluencer y triunfar supone seguramente la pérdida de la condición de microinfluencer. Ser microinfluencer y tener influencia real sobre las personas es algo temporal. Instagram no está hecho para celebrities, o influencers con gran número de seguidores ni para las grandes marcas.

Larga vida a las microinfluencers!!!

Si tenéis un punto de vista diferente del tema por favor compartirlo con nosotros.

Un besito!!

Ana.

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Cosas que hemos aprendido últimamente y que nos han hecho más sabios;).

Durante estos meses en los que he estado un poco desconectada del blog para centrarme en lo que requería inmediatez y concentración de esfuerzos, he aprendido varias cosas chicas:

  1. He aprendido que algunas cosas de España las tenía idealizadas; y otras que no las tenía en gran estima me he prometido aprender a echarlas más de menos.
  2. He aprendido que cuando te vas, no te vas tu sola; sino también tus circunstancias, tus amigos, los bares a los que ibas, y que aunque todo parece disimular queriendo hacer parecer que “aquinohapasadonada”; en realidad, todo ha cambiado, tú lo has hecho, y has crecido, y algunas cosas que antes te parecían importantes, ahora no pasan de ser “asuntos de provincias”, y por una parte te sientes orgullosa de ti misma, y por otra, te sientes algo ajena, algo culpable, quizá extraña.
  3. Me he dado cuenta que el único problema de volver, es que jamás vuelves al mismo sitio.
  4. Echo demasiado de menos los macarons de Pier Marcolini y el pan de Potiron de la pastelería de al lado de mi casa (sí, porque Bélgica quizá sea ya mi casa).

Pero no solamente en este tiempo he aprendido filosofía de vida y he logrado ordenar prioridades, no, de eso nada, también hemos pasado muchas horas trabajando en nuestro pequeño gran proyecto, y  por lo tanto hemos descubierto, aprendido otras muchas cosas quizá más prácticas que las anteriores desde un punto de vista operativo y que nos gustaría compartir con vosotras. Son valoraciones de todo tipo pero creo que muy interesantes para alguien que esté en las mismas circunstancias que nosotros:

  1. Todos los referentes que teníamos de “casos de éxito” (muchos de ellos muy conocidos, no daremos nombres…), han terminado por por ser “becerros de oro”, no diremos fakes, pero sí stories telling que se  exponen en charlas en asociaciones de emprendedores como si fueran realidades, pero que no dejan de ser eso, stories telling, muy sólidos eso sí pero en los que se mezclan la verdad y la mentira con sutileza. Y aunque es lícito, el marketing lo puede legitimar casi todo, no pueden ser tomados en serio como un referente para emprender. El caso de chico/a emprendedor/a sin casi recursos, que a base de trabajo consigue sus objetivos, y montar una empresa de blusas, gafas o zapatillas, una empresa de éxito entre millenials, no es más que eso, story telling, un story telling que vende y cuya finalidad no es otra que generar fenómeno fan, identificación, admiración y conciencia de clase. Detrás de esos casos de éxito suele haber una historia mucho menos sugerente y más lógica y que si se contara generaría menos sorpresa o admiración. Ya se sabe: Muchas veces, las cosas no son como son, sino como se recuerdan. En el mundo de la moda es más importante sugerir que ser.
  2. Se emprende con más garantías si puedes disfrutar de un tiempo para saborear tu idea. Emprender con prisas es un suicidio. El tiempo puede salvarte de una mala idea. Pensar, madurar la idea y sobre todo trasmitir los valores de la marca debe ser prioritario. A veces es difícil porque el tiempo es muy caro; pero precipitarse puede serlo aún más.
  3.  Necesitas contratar, despedir y contratar de nuevo para encontrar el grupo de personas en el cual depositar tu confianza. Es algo con lo que no cuentas en un principio, pero formará parte del proceso de creación de tu empresa. Un consejo: A la menor duda sobre la integridad ética o profesional de una persona, prescinde de ella; todas las personas que te rodeen te deben quitar trabajo, no dártelo.
  4. Tus proveedores sólo te priorizarán si sienten que al no hacerlo pueden perder dinero. Suena duro pero a la vez suena a verdad. En muchos casos de nada sirve apelar a la buena educación y a la palabra dada.
  5. Para sentirte tranquila debes de saber gestionar la presión y trasladarla a quién corresponda. No es lógico que habiendo contratado un determinado servicio, tú seas la única persona preocupada para que todo salga bien. 
  6. Encontrar información sobre aspectos claves (etiquetaje, envalaje…) para lanzar tu producto es un camino lento y arduo. Y no es casualidad. Son barreras a la entrada. Nadie quiere más competencia en su mercado. No te des por rendida nunca. Piensa que forma parte del proceso.

Espero que estas reflexiones metidas en una botella y tiradas al mar sean útiles para algún naufraga/o.

Estamos dando los últimos toques al proyecto, pero sin duda es la etapa más dura.

Os queremos a nuestro lado.

Ana.

 

 

 

 

Cómo crear marca en el mundo de la moda.

crea tu marca

-Yo soy más de Tokio. Un flequillo así la convierte en un icono. Su mirada son de esas que parecen escudriñar una dimensión que para el resto de los mortales permanece invisible.

-Todos somos un poco Tokio, ¿no?

-Sí, todos destrozamos cosas mientras creamos otras.

(Nosotros viendo “La Casa de Papel” el otro día)

La marca es la esencia, similar al regusto en lengua de los catadores de super cru o grand cru, lo reconocible, la garantía, lo que en el fondo es imposible copiar (las marcas no se falsifican; se falsifica la posibilidad de  formar parte de una determinada clase social en principio facilitada por el consumo de dicha marca).

Crear marca es difícil, no tanto por la inversión que supone, sino por el trabajo que conlleva diario, porque un valor tan escaso como difícil de poner en práctica como la coherencia es necesaria a todas luces y porque se debe de vivir por y para el detalle que demanda su creación.

La marca no es crear un logo, ni siquiera una filosofía detrás del producto, el famoso storytelling; sino crear un fotograma en la mente del consumidor que se active cuando tiene una determinada necesidad. La empresa es ambiciosa. Es un fin en sí mismo. Un fotograma que depende de la interpretación que hace el consumidor del producto, de la filosofía de la empresa, de difícil descripción, una mezcla de sentimientos, de aspiraciones y de expectativas, sobre todo de expectativas, que impulsan muchas veces al consumidor a sentirse receptivo frente a todo lo que se le pueda proponer. Porque la marca también es una coartada e incluso una herramienta que hace cambiar de opinión al consumidor sobre lo que realmente necesita y sobre lo que realmente es bonito, adecuado, trendy o no.

Nosotros una tarde recuerdo que hablamos de este tema. ¿Qué importancia suponía lo que se denominaba “crear marca” “branding”?

Y llegamos a la conclusión que el trabajo que tendríamos que llevar a cabo en los primeros años de vida de nuestro pequeño proyecto se debería de centrar en dos objetivos principales: crear marca como objetivo principal y obviamente en generar revenue, en vender, pero sin considerar este hecho como un KPI, un indicador absoluto de éxito o fracaso.  Crear marca era fundamental y era el primer reto serio al que nos deberíamos de enfrentar.

Hay mucha gente que cuando le cuentas que tu objetivo principal en tu primer ejercicio es crear marca te mira como, “tía déjate de rollos” “lo principal aquí es dar el pelotazo”, y tienen razón en parte, un negocio se crea para generar un beneficio, pero el problema, y lo que nos hace discrepar de esa sentencia, son los tiempos para hacerlo, el cuándo obtener un flujo de revenue que colme tus aspiraciones.

Viendo la “Casa de Papel”  el otro día (atracón de seis episodios casi sin respirar ;)) me di cuenta que su trama corroboraba nuestra idea de crear marca. Durante los 13 capítulos se crea marca y el último episodio se pone a prueba dicha marca, la marca de una filosofía, de un atraco, de lo que une a un grupo de perdedores a la hora de arriesgar su vida frente a lo más probable. En el capítulo final “compras” definitivamente el producto y tu mente es incapaz de alejar la idea de “estos chicos son la leche” “desde hoy llámame Bruselas”. Pero es un proceso lento y que se basa en la necesidad de romper resistencias que todos tenemos frente a lo nuevo, frente a lo que consideramos invariable.

Por lo tanto, resumiendo: La marca se crea desde el momento cero, evoluciona y se asienta en ciertos valores y la “venta” la pone a prueba todos los días. El producto, la calidad, lo prometido, se debe de corroborar, deben de cumplir con las expectativas generadas. Muchas empresas creen que venden productos, pero eso no es cierto, se vende marca, se vende no sólo presente sino también futuro, “expectativas”. Su creación depende más que de la inversión realizada, del tiempo que inviertas en mimarla. La marca madura y se termina por asentar pasado dicho tiempo. Vender productos y no marca, te lleva a tener un nivel de competencia muy alto y a depender sobremanera de tu producto.

Espero que os haya gustado el post. Si tenéis alguna duda o pregunta no dudéis en planteárnosla.

Estamos algo nerviosos, el día “D” se acerca.

P.D: Seguidnos en Insta…

Muchos besos.

Ana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Porqué decidí emprender?

Exito

No hay nada que dé más placer que tener un control sobre tu destino. Y no hay nada en el mundo que contravenga más esa idea que trabajar en un box de una oficina contrarreloj, soportando el aliento de tu jefe en el cogote que está únicamente preocupado porque seas capaz de quitarle el trabajo que el no quiere hacer a tiempo y conviviendo con personas que las circunstancias y no tú han elegido por ti.

La oficina es un ambiente terriblemente artificial y hostil pero conocido por todos nosotros ¿verdad? Es el medio para el cual has sido educada desde pequeña y lo sabes. Has sido educada para sobrevivir en él desde el instante cero. Cuando entras por primera vez y pisas “moqueta”, te das cuenta, que en cierta manera, que esas salas de cristal, la máquina de café, la señora de la limpieza, e incluso las conversaciones de los que cohabitan dicho ecosistema, no se diferencian mucho de lo que te encontrabas en la universidad, en el colegio e incluso en la guardería. Ha cambiado el escenario, pero los roles sociales siguen siendo los mismos. Ante esta situación, primero tu cerebro experimenta una pequeña decepción: -“he trabajado durante muchos años para encontrar el Edén y me encuentro con más de lo mismo…”; pero pasados unos días, piensas, que bueno, te adaptarás, sobrevivirás, no se diferencia tanto de lo que ya habías experimentado antes, no te matará e incluso terminarás mimetizándote fácilmente, no hay por qué preocuparse.

¿Cuál es el secreto de sobrevivir en una oficina? Pues fundamentalmente, ser una buena “hacedor de cosas”. ¿A qué me refiero? Fundamentalmente, a tener capacidad de trabajo y a no cometer errores. En resumen: A hacer aquello para lo que has sido educada desde las primeras fichas de la guarde. Sí, esas llenas de colores con tus pequeñas manitas sobre ellas.

El error sigue estando terriblemente penado, igual que lo estaba en el colegio, no tienes que cometer muchos errores, y si los cometes, debes de saber gestionarlos lo mejor posible. Después de pasado un tiempo entre esos boxes de cristal te das cuenta rápidamente que las personas no se diferencian mucho en cuanto a su capacidad intelectual; sino a la gestión que hacen del error. A las que gestionan mejor dichas situaciones se les tienen por “buenas” trabajadoras; a las que no saben, o no tienen habilidades sociales para trasmitir seguridad, determinación, no son capaces de defender su trabajo, terminan pronto o tarde por ser sacrificadas. Porque equivocarnos, equivocarnos, no nos engañemos, lo hacemos todos. Ése precisamente es nuestro encanto, nuestra perfección, somos un software tan avanzado que terminamos por equivocarnos ;).

En cualquier oficina se premia sobre todo a los “grandes hacedores” frente a los “grandes pensadores”. Eso es así desde tiempos remotos. “Para pensar ya están los llamados a hacerlo”, te dicen. Y te encuentras con casos curiosos, de personas con grandes dificultades para gestionar sus emociones diarias, que tras dos cafés te confiesan que prefieren estar en la oficina que en su propia casa,- “fuera hace mucho frío”, te confiesan-, que son muy reconocidos en su trabajo, sobre esa moqueta azul y que generalmente no es la pasión que les infunde su trabajo lo que les guía (las tareas no les motivan, tienen plenamente controlado su trabajo) sino ejercer cierto poder sobre los que tienen a su alrededor.

Es decir, somos una sociedad concebida para generar “followers”, nos sentimos muy cómodos en dicho rol de “déjamedelíosyomededicoalomío”, nos cuesta pensar, nos da pavor, lo identificamos como una amenaza, un riesgo a sentir en primera persona el fracaso, nos cambian el protocolo de “buenhacedordecosas” y  automáticamente en nuestro interior se desencadena un conato de rebeldía frente a lo que puede ser un cambio, frente a la necesidad de pensar o de crear. El éxito pasa por el éxito individual, por sobrevivir en el ecosistema, en la consecución del bonus, mientras se escriben libros de “cómo ser un buen teamleader” y se pregona eso de “somos un equipo” en las charlas corporativas en la visita anual del CO.

El talento está muy infravalorado; es el esfuerzo el que manda, con el que llegarás a todos los sitios te dice tu abuela como último consejo vital. ¿Y eso a qué lleva? Al stress, a la lucha por los recursos escasos, a luchar por tu bonus… En resumen: A poner a prueba hasta el límite todos los días tu capacidad de hacer cosas.

No estamos acostumbrados a emprender, a la introspección, a mirar hacia dentro y ver para qué servimos, cuales son nuestros talentos. Nuestro talento es “capado” desde el instante cero por los demás o por nosotros mismos. La educación y sus pilares están cambiando pero muy lentamente.

Este reinado del “buenhacedor” finalizará quizá cuando la máquina sea capaz de suplantarle y entonces el trabajador acepte por fin la necesidad de equivocarse para avanzar. El modelo de buen trabajador cambiará y reinarán los “buenos pensadores”. No quiero decir que no haya que trabajar para ser emprendedor, somos muy de disyuntivas, pero sin duda, debes de trabajar con hipótesis abiertas, flexibles y no dadas, y para eso se necesita sin duda un ejercicio intelectual superior que para cuadrar una maldita hoja de excel.

Por eso queremos emprender. Porque queremos darnos una oportunidad, ponernos realmente a prueba. Hemos sido “grandeshacedores”, es hora de salir de la zona de confort. Quizá todo lo anterior sea palabrería barata y habrá quién diga, emprender es difícil, no te dejarán, no podrás, no es tan fácil…, pero en el riesgo recae parte de las posibilidades del éxito. Juguemos a no tener miedo.

Ana.

 

 

 

 

¿Es necesario invertir en SEO? Pues va a ser que no…

SEO

Hay hipótesis de partida que por razonables que sean no son del todo ciertas. Aceptar dichas hipótesis supone llegar a unas conclusiones erróneas por muy lógico que sea el desarrollo posterior de la tesis. “

¿De qué narices estás hablando Ana? Pues de cómo funciona la venta de SEO hoy en día según nuestro punto de vista. Parte de máximas que no son del todo ciertas y a partir de ahí se enuncian unos razonamientos que aunque lógicos, no son del todo ciertos.

La famosa frase: “Si no apareces en Google no existes” sería una hipótesis cargada de lógica, en principio apta para desarrollar un posterior razonamiento, pero dicha afirmación, ¿es del todo verdad? ¿Es aplicable a todos los modelos de negocio? Analicemos algunos puntos concernientes al posicionamiento SEO:

  • El objetivo es vender; no es existir. ¿Alguien que te encuentra en Google de sopetón depositará su confianza de forma incondicional? Tengo dudas de que así sea… En anteriores posts he hablado de la importancia de Instagram, de que primero se venden emociones y luego productos, de la importancia de la humanización de la marca, de una atención personalizada… Creer en Google como arma milagrosa para aumentar tu facturación, es si no despreciar del todo el fuerte vinculo necesario entre vendedor y comprador para generar una venta; sí es apostar por los atajos, reduciendo la venta a un mero matching de intereses que en la vida real pocas veces se produce.

  • Long tail key words: Cuando te pones en contacto con una empresa de marketing digital te dice: “Verás, es importante que te posiciones con keywords generales pero también con Long tail key words, es la clave del exito…”. Una long key word sería el resultado de la verbalización de tu producto o de una utilidad del mismo.  Vamos, que lo que te está diciendo el experto es que, en definitiva, hay que confiar en que haya miles de personas capaces de verbalizar de forma similar o igual tu producto. Sinceramente, no creo que un proceso que depende del plano emocional como la elección de una blusa, un top, una falda… pueda presentarse como un estándar de comportamiento.

  • El poder de la marca. Creas marca para luego despreciarla. Al final presupones que tu cliente potencial se va a guiar por un criterio de búsqueda y no por los valores, filosofía e intangibles asociados a tu producto.

 

  • Ninguna marca importante se posiciona long tail entre sus primeras key words. Es un hecho constatable. Se posicionan alrededor de su marca y de los nombres de sus campañas. A veces, utilizan algún color para posicionarse… pero hasta la fecha no he visto nunca una long tail key word.

 

  • La naturaleza de tu negocio. Es algo que hay que tener en cuenta. No es lo mismo un servicio de cerrajería que una empresa de moda. El éxito de la cerrajería se basa en facilitar su búsqueda; ¿la empresa de moda? Creo sinceramente que la gente no busca; encuentra.

 

  • Algo que nos ha llamado la atención sobremanera es la ausencia de una tasa de retorno relativa a tu inversión en SEO. Este hecho se traduce a que invierto un dinero y ya se verá…. “Los primeros resultados los verás en 6 meses, te dicen”… “No te puedo decir con exactitud…” En suma, usted me está ofreciendo un servicio cuyos resultados son relativos y dependen de ciertos factores que no se saben bien cuáles son. En cuanto a los resultados, todo es incierto, ya se verá…

 

  • En la red el SEO tiene ciertas connotaciones de fórmula mágica. En foros especializados se repite constantemente el discurso de: “Cuidado, que no te engañen” “Cuidado, con la forma de hacer SEO”… En definitiva, el tratamiento que se hace en la red del SEO no invita a la confianza. ¿Deberíamos confiar en el SEO?

 

Por todas estas razones hemos desestimado invertir ni un solo duro en SEO. Quizá estemos equivocados, quizá no. Hemos llegado a la conclusión que utilizando bien las redes sociales se puede solucionar y satisfacer de una forma mucho más adecuada las necesidades de los potenciales clientes.

Pues eso es todo. Espero que la información os sea útil. Si tenéis otra visión del tema o podéis aportar otras cosas, expresaros libremente!!!

P.d: Nos podéis seguir en Insta…

Un beso.

Ana.

 

¿Cómo competir en el sector textil contra las grandes superficies?

supercompetencia

No me gusta el café. Lo sé, si quieres ser una buena Instagramer te tiene que molar. De hecho, tienes que ir más allá y presumir de tu adicción en el extremo y terminar por decir o sugerir que sin café no eres persona y que suenen las alarmas nucleares si alguien o algo te impide tomar tu cafecito, que sin cafecito no hay quién te aguante.

Lo puedo tolerar pero no me llega a gustar, así que la socorrida frase “quedamos a tomar un café un día de estos” utilizada para ganar tiempo, como tregua para ordenar prioridades sin la presión que supone la inmediatez, en mi caso, si la utilizo, no la suelo utilizar, sería un “no te quiero ni ver baby”.

Cuanto más me sumerjo en Instagram más me sorprende la cantidad de leyes no escritas, costumbres aceptadas que la app ha generado, entre las cuales se encuentran además de la ya mencionada necesidad de presumir de “mono cafetil”, la cuasi obligación de ser viajera a cualquier otra parte (muy Dorian), cuanto más lejos mejor, o la adoración por iconos temporales como “cactus”, “piñas”, “calabazas” (¿calabazas?), o los cansinos “flamencos” posados solos y desamparados en la piscinita de turno (¿Alguien ha visto a alguien probándose uno de esos ridículos flotador/flamenco?). Llámalo moda, llámalo costumbre, pero es curioso como una aplicación creada para transmitir singularidad termine por convertirse en parte en una especie de herramienta para reforzar comportamientos y roles sociales.

Hoy escribo desde el Châtelain. Un barrio cafetero (de ahí la asociación ideas y el rollo anterior del café y el Insta…) y trendy a lo “belga”, – lo trendy belga suele estar envuelto más en expectativas que en realidades, pero bueno aceptamos pulpo…

Hoy sin más dilación os daré algunos apuntes sobre lo que hemos llamado “D” y yo “supercompetencia”.

Lo primero de todo: ¿A qué hemos llamado supercompetencia? A la competencia contra la que en principio no se puede competir. Es decir, grandes empresas con una estructura de costes imbatible.

¿Se puede competir contra ellas? Por supuesto. Tienen sus debilidades. Son fuertes pero precisamente sus fortalezas generan debilidades aprovechables por una pequeña empresa que empieza. ¿Cómo aprovechar esas debilidades?

 Intentaré explicarlo sin trincarme todo el craquelin que he comprado esta mañana:

Cuando empezamos una duda que nos surgió fue: ¿Queremos vender algo que esté de moda? La moda es conexión pero es conexión generada, lo que quiero decir es que además de una expresión cultural, no deja de ser una herramienta de marketing al servicio de una cuenta de resultados. Es decir, la moda está al servicio de los grandes agentes de mercado. Su éxito recae fundamentalmente en que al principio es “abrazada” por el consumidor como “tendencia exclusiva”, cuando en realidad es falsa tendencia (algo vendido por un gran agente no debería calificarse como tendencia sino como realidad masiva) y al final genera cierto rechazo o hartazgo al convertirse en una herramienta inútil para conseguir diferenciación (todas vestidas de rosita por Serrano con un flamenco en el pecho no mola mucho…).

Es decir, una debilidad que tienen los grandes agentes es que la exclusividad les dura una semana, un mes, 2 meses, 3 como mucho… De ahí, por ejemplo, la tendencia de éstos a rotar mucho su producto emulando a las tiendas “todo a 100”, sacar productos limitados con el ánimo que se conviertan de culto… Son conscientes de su debilidad y tratan de evitarla. Por tanto, sí, los grandes agentes son imbatibles en cuanto a costes, pero precisamente su tamaño y su manera de operar les genera debilidades.

Es obvio, que tú nunca serás su competidor, y ellos para ti en el fondo tampoco: en realidad suponen restricciones a tu idea de negocio. ¿Ana no nos habías dicho que eran competencia? ¿En qué quedamos? Son una competencia contra la cual en un enfrentamiento directo no se podría hacer nada, y asumida dicha premisa, queda reducida a una restricción de modelo de negocio que puede generar oportunidades y amenazas, sólo eso.

Sí es una restricción y dicha restricción te lleva a plantearte la conveniencia o no de abrazar por ejemplo la “moda” marcada de la temporada o empezar a dar importancia a la humanización de tu marca. Es decir, te lleva a estructurar tu idea de negocio y tu estrategia de venta condicionada por dicha restricción. Porque no nos engañemos, estructurar tu producto y venderlo como una gran marca sería un suicidio.

¿Cómo se debe estructurar entonces? Obviamente no hay una solución única pero sí que voy a señalar los factores que analizamos en su momento para valorar las oportunidades y amenazas de la llamada supercompetencia:

  • Instagram: Las grandes marcas de moda sólo utilizan un lenguaje corporativo en esta red. De hecho, sospechamos que para ellos supone una “amenaza”. ¿Por qué? Porque Instagram supone un “canal de comunicación no controlado”. Antes de Instagram podían filtrar sus mensajes (qué es moda y qué no) sin hacer frente a ningún mensaje alternativo. Eso suponía que el cliente no buscara alternativas que les llevara a la singularidad. Además, por lo general, hemos comprobado que apenas gastan tiempo en crear “comunidad”: no responden dudas, no intentan empatizar con sus clientes… Es decir, sólo filtran de un modo aséptico mensajes neutros. ¿Por qué? Porque son muy grandes. Porque tienen muchos, demasiados seguidores a los cuales contentar al mismo tiempo, abarcan un público demasiado grande y heterogéneo para adoptar un lenguaje de cercanía y comprensión. Por lo tanto, Instagram es un medio donde las pequeñas, medianas empresas se mueven mucho mejor que las grandes empresas.
  • Personalización: Las grandes marcas como antes hemos hablado han utilizado la herramienta “moda” para ofrecer una falsa singularidad. Si tu empresa fuera capaz de que el cliente experimentara personalizar realmente sus compras y les gustara, quizá éstos estuviesen dispuestos incluso a pagar la diferencia de costes que las grandes firmas tienen como ventaja competitiva. Las grandes marcas no son capaces de ofrecer dicho servicio. De ahí, la creación como hemos comentado de “productos de culto” que aparecen y desaparecen en una semana de sus tiendas.
  • Dirigirse a segmentos muy específicos: El concepto de sentimiento de clase social, de pertenencia a una determinada tribu, atenta directamente contra las grandes marcas. Ellos intentan vender a través de la moda, standarizando comportamientos. Todo lo que sea crear comunidad, atender a las necesidades de un segmento determinado de población debería de suponer para ellos una amenaza. ¿Por qué no aprovecharla?
  • Flexibilidad: Aunque las grandes marcas han tenido éxito debido sobre todo a su flexibilidad productiva, es a pesar de este hecho un punto fuerte obviamente de las empresas pequeñas y medianas. Calcular y optimizar bien el número de productos a lanzar al mercado y mantener un stock mínimo te hará menos débil y te facilitará rectificar sobre la marcha medidas equivocadas. Si quieres sobrevivir y evitar la competencia de estos “gigantes” debes de ser siempre muy flexible.

 

  • Aplicar las tendencias de una forma inteligente a tu producto: Me refiero a que es posible aplicar tendencias (colores, hechuras…) sobre un diseño propio. La moda puede ser una oportunidad para una empresa pequeña si el producto sorprende al cliente reconociéndolo como propio. La moda no supone la standarización o la copia, supone una oportunidad de creación bajo ciertos supuestos o hipótesis.

 

Creo chicas que sería necesario pensar en estos factores y en otros que seguramente se nos han escapado a la hora de optimizar tu producto. Todas las empresas que hemos analizado y observado como “casos de éxito” parecen haber hecho hincapié en dichos puntos.

Si os ocurren otros condicionantes o cualquier aportación al tema, please, comentarlo.

Si aún no nos seguís en Insta apuntaros a nuestro viaje!!!

Bisous.

Ana.

 

 

 

 

 

¿Cómo hemos analizado a nuestra competencia? Parte II. Competencia Directa.

chica competencia

 

De la competencia se debe de huir como si no hubiera un mañana, chicas.

No se debe de competir. Sí, en la universidad nos hablan de mercados en competencia perfecta, de que los precios se fijan de acuerdo a dicha competencia y  que si vendes limones lucharás a brazo partido por ser competitivo para que tus limones se vendan más que los del vecino.

Asumir que tienes competencia es un error.  Otra cosa es que termines teniéndola. Pero tu misión es luchar contra el hecho de que el cliente te “taguee” junto a otros de los cuales recibe los mismos intangibles o las mismas motivaciones a la hora de iniciar el proceso de compra de tu producto. No vendemos lechugas; vendemos arte, moda, faldas, vestidos, tops… ¡Oh vamos!, tenemos margen de acción para cambiar el posicionamiento de nuestro producto constantemente de cara a que el cliente un día quizá se pueda preguntar: “¿Estos de qué van? ¿Qué demonios hacen? Parecen diferentes…

(Ejemplo práctico de cómo gestionar la competencia directa):

–       Tú no eres de pelear, ¿verdad? Me refiero “D” a que te joroba discutir conmigo realmente.

–       No sé a qué te refieres y si es una trampa para empezar a discutir pierdes el tiempo…

–       ¡Que no tonto!

–       Te veo venir…

–       Eres un pesado.

–       Un pesado que no discute.

Ese “espíritu rebelde” debe ser constante en el tiempo, y es el que  lleva a ciertas empresas a llamar tops a sus camisetas, e incluso prendas superiores como hemos visto en alguna marca de lujo; o algunas marcas a adjetivar a sus clientes relacionándolos directamente con la filosofía de la marca.

¿Compites directamente contra empresas que realizan tu misma actividad? Sí, pero sobre todo compites contra empresas que realizan tu misma actividad y venden los mismos intangibles a un determinado target (Sí, esos intangibles de los cuales hemos hablado ya en post anteriores).

Es decir, tu obligación es crear algo diferente pero también que sea percibido de forma diferente. Por lo tanto, tu competencia directa no la marcarás tú ni el profesor de tu uni, ni los gráficos de la pizarra; la marcará  en última instancia tu posible cliente (pipeline).

¿Cómo debes enfocar esa lucha constante para “huir” de tu competencia directa?

  • A través del lenguaje: Debes de guiar al consumidor hacia la percepción de que tu producto es único o al menos “no generalista” a través de un lenguaje propio.  (Hay empresas que lo hacen muy bien, por ejemplo Biombo13: “Biombas” “Bimanis”…).
  • Para que tu producto sea considerado único deberás echar mano constantemente de lo que en la Uni llaman “elasticidades” pero no a posteriori sino a priori:  Tus recursos son limitados y deben de estar focalizados en entender a tu cliente. ¿Tu cliente aprecia recibir tu ropa en una cajita con un lazo? ¿Lo aprecia realmente o es un motivo para dejar de comprar tu ropa si esa cajita no existiera? No debes de malgastar las balas. Debes de comprobar constantemente qué aprecia tu cliente y en qué nivel o cantidad. Tu producto sí, puede ser único, pero puede estar mal estructurado, por lo que el cliente no apreciará la singularidad que ofreces.

 

  • Acotando al máximo el perfil de tu público objetivo: Este propósito es muy difícil de llevar a cabo: O no se tiene en cuenta desde un primer instante; o dicha intención se considera y se termina por perder o relajándose por el camino. Me explico: Siempre hay la tentación de “contaminar” a tu público objetivo por el ansia de ampliarlo rápidamente. A nosotros nos pasa: Nos da miedo a veces no tener una base suficiente de futuros clientes (pipeline) al cual lanzar nuestro producto. Eso nos hace preguntarnos si quizá fuera positivo cambiar de estrategia e intentar abarcar un público menos homogéneo. Luchamos contra esa tentación todos los días.

 

  • Permitiendo al cliente que participe en la elaboración de tu producto:Es una forma de huir de la competencia muy efectiva. El hecho de que el cliente considere “tu producto” también “su producto” te permitirá no ser considerado uno más.

 

  • Dar un sentido único a la compra: Que el cliente sepa que su compra no solamente va servir para adquirir un determinado artículo; sino que puede ayudar a cambiar el mundo (vinculándolo a una obra social…), le ayudará mentalmente a no considerarte uno más.

 

Se pueden tomar más acciones contra la “competencia directa” que contra la “competencia de cartera”. El cliente tiene necesidad de tu producto, lo que le pasa es que no es capaz de filtrar adecuadamente entre las posibilidades que tiene a su alcance. Ayudarle a gestionar esa “elección mental” y que nos perciba como única opción o una entre muy pocas opciones es fundamental para el éxito de nuestro producto. El proceso mental por el que pasa el cliente es una oportunidad de venta: que te considere en el abanico de posibilidades de compra se debe de considerar el primer estadio de la venta.

Esto es todo. En el próximo post hablaremos de la última clase de competencia “Super Competencia”.

Disfrutar del día!!! Ya sabéis: la clave está en NO FIGHT. Nosotros seguiremos luchando contra la lluvia!!!

Bisous.

Ana.

 

 

¿Cómo hemos analizado a nuestra competencia? Parte 1.

chica investigadora

Jessica Fletcher. Me encantaba esa señora. Siempre con su máquina de escribir a cuestas. Cuando resolvía un crimen lo hacía valiéndose de su superioridad intelectual, nada de tiros, ni de informes forenses. Reunía a todos los personajes en el salón de la mansión en cuestión y destapaba el pastel sin que los presuntos asesinos con cara de “yonohesido” presentaran ningún tipo de resistencia física. Me volvía loca su rollo de viejecilla fatal. De hecho creo que una de mis vocaciones frustradas, de las millones que tengo, es haber sido en algún momento de mi vida una detective “glamourosa”, pero no de las actuales, no al estilo de otra Jessica, Jessica Jones, de patada en la puerta y superpoderes, sino de las de gabardina blanca supermona y oficina con cenicero (en mi caso cajita de chocolates), petaca de whisky (en mi caso botellita de Gvine y cubitera) y nombre en la puerta. Ana. Ana Pícara. ¿Quiere mi tarjeta?

¿Por qué os hablo de Jessica Fletcher? Porque Jessica, aparte de correr muy cómica y no tomar nunca el sol en verano (si no sabéis quién es “google it”), era una gran follower del inductivismo. ¿Y qué es eso? Pues pensar primero en lo particular para llegar a lo general. Estudiar los diferentes enunciados particulares para llegar a conclusiones generales. Jessica lo hacía en sus casos y así hay que trabajar cuando quieres estudiar a tu competencia.

Estudiar de lo general a lo particular nos llevaría en muchos casos al error. ¿Por qué? Porque una cosa es “sugerir” y otra muy distinta “ser”. Y en este mundo de la moda de glamour y de luces, hay que tener cuidado con lo que brilla de noche y de las primeras impresiones. Hay que analizar desde lo pequeño (desde diferentes campos de estudio que detallaremos en próximos posts) y empezar por poner en duda todo, incluso las hipótesis de partida, lo más básico.

Siguiendo esta premisa, lo primero que nos pareció importante preguntarnos fue: ¿A qué llamamos competencia?

En la universidad nos presentan la competencia como una serie de agentes que venden un determinado producto y que se enfrentan por un mismo público objetivo. ¿Y eso es cierto?

Pues en el mundo de la moda, del ocio, de lo lúdico, lamentamos decirlo pero en la mayoría de los casos no es así. Pensemos:

Una de nosotras sale quemada de la ofi, va por la calle Velázquez como si le hubiera absorbido la sangre el mismísimo Drácula, tiene 100 euros en el monedero y decide que no quiere tener esos 100 euros cuando llegue a casa. Quiere gastar, gastarlo todo, será su particular venganza al maldito día, al principio no sabe en qué, sigue pensando y en su mente aparece un conjunto de posibilidades de gasto, piensa en ellas hasta que en un momento dado lo ve todo claro, se hace la luz al mismo tiempo que se pone en verde el semáforo y decide comprarse una blusa.

Resumen: Me he comprado una blusa pero no he valorado jamás la necesidad de tener una blusa. Me he guiado por la necesidad de reducir mi stress, airearme un poco y dejar de pensar en el plasta de mi jefe. ¿He sentido de cerca el enfrentamiento a muerte de las diferentes empresas de blusas por hacerse con mi compra? Pues no.

Es decir, en la mayoría de casos, como apuntábamos en anteriores posts, la competencia se articula como una “competencia de cartera de gasto”, una competencia heterogénea, formada por diferentes productos de diferente naturaleza y contra la cuál sí que se compite de forma directa dentro del proceso de compra.

La siguiente pregunta que se formularía Jessica Fletcher sería: ¿cómo logramos hacernos con esa cartera de gasto?

La respuesta a esta gran pregunta parte de otra pregunta: ¿Somos tan diferentes como nos hacen creer?

Pues, no, no lo somos, aunque nos creamos un ombligo sobre el cual giran los planetas somos terriblemente previsibles, qué le vamos a hacer… Dentro en una misma clase social, con los mismos condicionamientos económicos, culturales… las diferencias de pensamiento son mínimas… ¿A qué niña dentro de un mismo extracto social no le gusta Taburete?

Por lo tanto sí que podemos hacernos con la cartera de gasto si hemos definido correctamente a nuestro público objetivo. ¿Cómo?, preguntaréis. Pues observando, estudiando y analizando a nuestro público objetivo, a través de las redes sociales, preguntándoles qué piensan e interesándonos por lo que les gusta. Rápidamente nos daremos cuenta que efectivamente, no somos tan especiales, y que entre ellos existen grandes similitudes en cuanto a gustos y preferencias.

Una vez tengamos dicha cartera en la cual habrá por ejemplo marcas de relojes, de zapatillas…, tenemos que saber, entonces sí, cómo competir contra dichos agentes.

La única forma de competir será creando la necesidad de consumir nuestro producto por encima de los demás productos de dicha cartera. Es decir, supongamos que vendemos sombreros de playa; tendremos que hacer creer al cliente que en pleno verano un sombrero de playa es más necesario y más requetecool que unas zapatillas o un reloj que te mida las pulsaciones.

Es decir, para competir con dicha cartera nuestro lenguaje, publicidad… frente al cliente debe estar dirigido siempre de forma genérica a crear la necesidad de consumir nuestro producto por encima de cualquier otra cosa.  

A parte de dicha competencia sí que existe por supuesto, una competencia directa y lo que hemos denominado “supercompetencia” con la que se deberá de competir de forma muy diferente a cómo hacerlo contra la competencia de cartera y de la que hablaremos en el próximo post.

Lo que sí que tenemos que tener muy presente siempre, es que analizar la competencia tendrá como objetivo no sólo marcar unas ventajas competitivas y barreras de entrada a la competencia, sino también nos marcará un nivel de calidad mínimo a alcanzar en los diferentes campos de estudio para competir en el mercado.

En resumen:

  • Para analizar la competencia se deberá de estudiar diferentes materias de forma inductiva: Política de comunicación, posicionamiento online, política de imagen, política de atención al cliente, de envío de mercancías, etc…
  • La competencia en el mundo de la moda la hemos articulado en tres vertientes: competencia de cartera, competencia directa y supercompetencia, cada una de las cuales definirá un tratamiento particular de estudio y una forma de competir diferente según el caso.
  • Es un must ineludible saber por qué nuestra competencia funciona, “qué hace bien” y marcarse dichos puntos como objetivos a conseguir: el cliente tiene unas exigencias mínimas de calidad que deberemos de valorar si vamos a ser capaces de ofrecer en las mismas condiciones.

Pues, como veis no es tan fácil analizar la competencia. En próximos post seguiremos hablando de ella “a nuestra manera”.

Esperamos que el post os haya sido útil y que si tenéis alguna duda no dudéis en preguntarnos.

Ah, si aún no nos seguís en Instagram no sé a qué esperáis 😉

Disfrutad mucho del fin de semana Pícaras.

Bisous.

 

Ana.

 

 

 

¿Cuánto y cómo vender en el primer año de tu negocio de moda?

chicalogo

“D” y yo somos economistas ante todo. Podemos ver el telediario criticando cualquier decisión aludiendo a Keynes o a Friedman según nos convenga, sabíamos más o menos lo que era la prima de riesgo cuando no se hablaba de ella en las tertulias y somos capaces de traducir mentalmente cada acto vital en términos “Activo – Pasivo” “Gasto – Ingreso”. Sí, todos, no exagero, la vida se puede simplificar utilizando esos cuatro conceptos, por ejemplo un novio es un activo hasta que decides que se debe convertir en un gasto y empiezas a amortizarle, y así todo en la vida, nuestra mente ha sido programada así, no lo podemos evitar, nos deben de meter un chip… Suena frío, pero las economistas somos así, frías. Frías, prófugas del error y llenas de TOC que nos hacen comprobar si hemos apagado los fuegos de la vitro cada vez que salimos de casa. Y es que vivir bajo la presión del numerito es muy malo, malísimo.

¿A qué viene todo esto? Viene a colación de que ambos cuando nos metimos en esto lo que menos nos preocupaba era estructurar la empresa desde un punto económico. No es que estuviéramos totalmente seguros de lo que hacíamos, – crear una empresa por pequeña que sea es un suicide por definición- pero sí sabíamos que al menos con sólo unir temporalmente nuestros superpoderes podríamos estimar a priori si nuestro negocio era rentable o no, y eso es una gran ventaja.

Para nosotros no era la máxima dificultad pero comprendemos que para otras personas que no se dediquen profesionalmente a las finanzas, sea el obstáculo más complicado a la hora de enfrentarse a la posibilidad de crear su pequeño negocio.  Por eso, hemos creído interesante hablar en este post de algo capital, la madre de todas las dudas, y sobre lo cual se basa todo presupuesto, todo escenario y en resumen la convicción de arriesgar tu precioso dinero.

Y sin más, vamos al lío: lo capital es dar respuesta a las siguientes preguntas: tachán, tachán… ¿Cuánto venderé el primer año con mi negocio? ¿Cómo lo venderé?

No tienes datos históricos, no tienes referencia alguna, no sabes absolutamente nada… Estimar las ventas es lo primero que se debe hacer en todo presupuesto, porque entre otras cosas, las compras y demás costes de producción estarán en función de dichas ventas (packing, gastos de envío, decoraciones…). Si eres capaz de estimar las ventas medianamente bien asumirás menos riesgos, y al final, como en la vida, de eso se trata, de que los riesgos no den contigo cuando vengan a visitarte.

Así que la única forma de saber lo que puedes vender en tu primer ejercicio es a través de la competencia. De tu competencia directa, que no coincide con tu competencia real, como veremos en siguientes posts.

¿Cómo ver entonces los datos de tu competencia? Lo que mucha gente  no sabe es que las cuentas anuales depositadas en el Registro Mercantil, es decir, los resultados de las empresas, son documentos públicos, y que puedes acceder a ellos a través de Internet grátis o a cambio de un pequeño coste. Dicho esto, el reto es elegir una empresa de tu competencia real similar y en parecidas circunstancias a la tuya. En este punto hay que tener cuidado y elegir bien la empresa siguiendo criterios de similar inversión, actividad realizada, estacionalidad de la venta, mercado, etc…

En las cuentas anuales, o informes de ventas a los cuales tengas acceso, la cifra de ventas te aparecerá frecuentemente como un dato global. Tu misión será entonces ponderar tus meses de actividad adecuadamente (¿en qué meses vas a vender más y en qué meses menos?) y repartir dichas ventas de acuerdo a dicha ponderación.  Tener un presupuesto mensual ayudará a un mejor control y planificación de tu actividad.

Por último tendrás que ver cuántas “ventas” vas a realizar y eso pasa por dividir las ventas entre el precio medio ponderado de los productos de la empresa que has elegido de la competencia.

En resumen:

Primero: De lo que se trata es de conseguir una cifra de ventas inicial a partir de la cual trabajar minimizando riesgos, – en posteriores ejercicios utilizarás datos más precisos al utilizar datos históricos.

Segundo: No solamente es importante estimar una cifra de ventas; sino también una estimación del número de ventas que vas a realizar. ¿Por qué? Porque es clave. Es clave porque estimar bien el número de ventas te permitirá saber no solamente unas cifras de lo que deberás de vender online y offline (en tiendas); sino también qué acciones comerciales deberás de poner en práctica para alcanzar dichas cifras y qué objetivos deberán alcanzar dichas acciones comerciales (tasa de retorno).

Pues esto es todo por hoy amigas!!!. Sé que puede ser engorroso para alguien sin base económica, pero lo he intentado explicar lo más simple posible… Cualquier duda, aportación, comentario, etc… será bienvenido.

Un gros bisou para mis Pícaras!

Muaaaa!

Ana.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo crear un producto que conecte con tu público objetivo?

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No había casi llegado cuando colocó con mimo el abrigo sobre el respaldo de la silla que sobraba. Llovía a cántaros y se había calado hasta los huesos debido a esa absurda rebeldía de no  llevar nunca paraguas en esta maldita ciudad donde siempre llovía. Estaba hecho el pobre una sopa. Un poco avergonzado y aún sin mirarme me soltó:

– Llego tarde. No perdamos más tiempo. ¿Tú qué crees que haría una de nuestras chicas si por ejemplo su padre le diera 100 euros para gastarse esa misma tarde?

– Pues lo primero que haría sería llamar a su mejor amiga para quedar con ella. ¿Quieres un zumo caliente?

-¿Y luego? Sí, sí, ahora lo pido.

-Se irían juntas a comprar “algo”, cualquier cosa que por consenso les gustara. Desde una falda, pasando por un reloj o unos zapatos rosa palo…

-Osea, conclusiones, -déjame que anote- primero: nuestra competencia sería en principio todo aquello en lo que pudiera gastar esos 100 euros. Segundo: Nuestra chica necesitaría corroborar que la compra sería la adecuada con su mejor amiga. ¿Correcto?

-Sí. Supongo que sí.

-¿Y por qué dices que compraría cualquier cosa? ¿No necesitaría nada en concreto?

-Sí, sí que necesitaría cubrir necesidades, pero éstas superarían al producto.  Supongo que elegirían algo que sus amigas no pudieran permitirse, algo nuevo o algo que aún no fuera tendencia… Oye, ¿por qué no vas al baño y te secas un poco el pelo? Te la vas a coger parda…

Una de nuestras prioridades desde casi el nacimiento de Ana Pícara fue saber no sólo los gustos nuestro target, sino ir más allá y conocer las necesidades emocionales y patrones de conducta de éste.  Si algo teníamos claro, tal y como señalé en el post anterior,  es que nuestro cliente demandaría no sólo un producto tangible sino también unos intangibles asociados a este primero, pendientes de una definición, que condicionarían el éxito o fracaso de nuestra empresa.

Estaba por lo tanto claro: Si queríamos crear un producto competitivo deberíamos de dar respuesta a ciertas necesidades del cliente, en su mayoría emocionales, pero, ¿cómo demonios íbamos a conocer nosotros dichas necesidades? 

No teníamos dinero suficiente para hacer encuestas o estudios de mercado como las grandes empresas. ¿Cómo hacerlo entonces?

No fue fácil solucionar la dificultad. El mundo como dice mi amiga María no está hecho para las primeras veces. Pero después de pensar con qué contábamos para obtener una información  relevante  llegamos a la conclusión de que deberíamos de trabajar cuatro puntos fundamentales :

  • Analizar la política de comunicación de la competencia: El nombre de las campañas, productos y de las líneas de productos, pie de fotos de Instagram etc, están llenos de   soluciones a posibles necesidades emocionales del consumidor. Filtrarlas, categorizarlas y tratar de verbalizarlas de forma sencilla eran retos a conseguir.
  • Analizar las keywords utilizadas por la competencia para posicionarse: Las empresas suelen posicionarse aludiendo a la parte tangible del producto o al peso de la marca. Aún así, hay veces que aparecen necesidades emocionales pendientes de dar respuesta (Ej. Pantalón chic, pantalón de moda..).
  • Leer los blogs de moda dirigidos a nuestro público objetivo: El éxito de los blogs se basa precisamente en la calidad y precisión de las respuestas que la blogger da a dichas necesidades emocionales. Tanto las fotos como el texto están plagados de intangibles. Como en el primer punto es fundamental, quitarlas el “celofán”: simplificarlas, reducirlas, categorizarlas…
  • Leer libros y textos especializados en el público objetivo: En nuestro caso nos ayudó bastante leer artículos y libros sobre los patrones de conducta de la famosa generación millenial. De su lectura pudimos extraer sólo necesidades generales pero éstas fueron muy útiles para tomarlas como guías del estudio.

Obtener una lista de 10 o 15 intangibles que debería poseer el producto será requisito necesario para obtener un producto que el cliente sienta como propio, útil y cercano a sus circunstancias. Por otro lado, la comunicación de la empresa será totalmente ineficaz si no se transmiten unos intangibles adecuados que empaticen con lo que siente y necesita el cliente.

Espero que os haya gustado el post. Recordad que podéis aportar lo que creáis conveniente.

Besitos!!! Ah chicas, recordad meter en el congelador la tarjeta de crédito esta semana!!! Rebajas!!!

Ana.